Sexo en el jardín
(Traducción: Alejo Alberdi)
¿Sabías que hay un pequeño fragmento de cerebro en tu nariz? En efecto,
las células olfativas de la nariz no son como las otras células
sensoriales del cuerpo. En realidad, son células cerebrales que se
extienden desde el bulbo olfativo del tronco cerebral –una estructura
muy primitiva que ha cambiado poco en los últimos millones de años y
que compartimos con los lagartos y otros animales del pasado. Por eso
los olores pueden ser tan evocadores de sentimientos y recuerdos. Un
olor puede hacer que volvamos a experimentar vívidamente sucesos
ocurridos en un pasado remoto, o sentimientos de determinada época de
tu vida. Los fabricantes de cosméticos se gastan millones cada año con
el fin de descubrir aromas que desencadenen una experiencia nueva para
sus afortunados clientes.
Quizás sea esta la razón por la que el sentido del olfato está tan
relacionado con el sexo. Piensa en los olores más intensos que conoces:
almizcle, jazmín, café, hoja de tabaco, chocolate... Todos ellos son
eróticos de una forma difícil de describir. ¿Qué otros olores
añadirías a esta lista? Si eres como la mayoría de la gente que
conozco, probablemente incluirías los del hachís, la marihuana y los
de algún antiguo amor. Bien, sabemos por qué el olor de nuestras
parejas de antaño nos resulta sexy -¡probablemente porque lo era!-
pero, ¿por qué los olores del hachís y la marihuana nos gustan tanto?
La respuesta a esta pregunta tiene que ver con el sexo, exclusivamente.
Una advertencia: si te gusta la marihuana pero no el sexo, puedes
dejar de leer el resto de este artículo. Si sigues leyendo, nunca
podrás separar las dos cosas cuando pienses en una de ellas.
Lo primero que debemos tener en cuenta en relación con la marihuana es
que se trata de una planta muy particular. Los arqueólogos han
acordado que el cannabis fue probablemente la primera planta que
cultivaron los seres humanos, hará unos 10.000 años. Pero, a pesar de
esta larga tradición de cultivo, la planta no ha perdido su capacidad
de regresar al estado salvaje en cualquier momento. Como los gatos,
puede vivir con o sin nosotros. Otro aspecto insólito de la marihuana
es que se diferencia tanto del resto de las plantas que durante años
fue considerada como un género monotípico. Pero quizás lo más
interesante de ella es su vida sexual.
Al leer el título de este artículo, probablemente hayas pensado que
ibas a leer algo sobre el uso de la marihuana para aumentar el placer
sexual, ¿verdad? La marihuana como afrodisíaco. No estabas del todo
errado, puesto que, como cualquier cosa que te ayude a concentrarte,
la marihuana se puede utilizar para potenciar el disfrute del sexo.
Pero aquí no vas a encontrar nada sobre el efecto de la marihuana
sobre la sexualidad humana, sino sobre cómo los humanos manipulamos la
sexualidad de dicha planta. En efecto, ¡cualquier cultivador de ganja
interfiere en la vida sexual de sus plantas con la insistencia de una
suegra dormitando en el sofá!
Así es como funciona. El componente químico psicoactivo más relevante
del cannabis es el delta9-tetrahidrocannabinol (THC). Hay otras
moléculas psicoactivas pero, en aras de la simplicidad, nos
centraremos en el THC, que es, con mucho, la más importante. Hay
pequeñas concentraciones de THC en las hojas de la planta, y apenas
nada en el tallo y las raíces, pero la mayor concentración de THC se
encuentra en la resina de las flores de la planta hembra. Las tres
especies conocidas de cannabis son dioicas –lo que quiere decir que,
contra lo que es habitual en la mayoría de las plantas, las hembras y
los machos son diferentes. Piensa en esto, una rosa es una rosa es una
rosa ¡No existen rosas macho y hembra! Nadie va a una tienda de
jardinería a comprar plantas masculinas y femeninas como si de una
mascota se tratara. Sin embargo, en el caso de la marihuana el sexo es
muy importante.
Cuando alguien empieza a cultivar, el primer reto se presenta al tener
que diferenciar en una primera etapa del crecimiento entre machos y
hembras. Es un reto porque hay que adivinar la identidad sexual de las
plantas antes de que empiecen a desarrollar sus características
sexuales, algo que puede ser tan difícil como distinguir a un bebé
macho de un bebé hembra. Si esta distinción es necesaria, es porque
hay que sacar a los “chicos” del jardín antes de que maduren
sexualmente ¡No puede haber sexo en este jardín!
Recordemos que la mayor concentración de THC se encuentra en la resina
de las hembras. Esta resina es pegajosa como la miel. El objeto de
esta viscosidad es impedir que el polen que llega volando por el aire
desde la planta macho para fertilizar a la hembra, salga despedido al
soplar el viento. El polen es como el esperma. Contiene la información
genética de la planta, y carece de agentes psicoactivos. De ahí que no
tenga mucho sentido llamar “polen” al hachís de alta calidad, porque,
de ser en realidad polen,¡ sería prácticamente inactivo! En cualquier
caso, es esta resina la que da la medida de la calidad de una
marihuana, por ser la fuente principal del THC, así como la
responsable de ese olor rico y penetrante.
Así pues, a la cuestión principal de cómo conseguir un mayor contenido
de resina en nuestras plantas, tenemos que dar esta respuesta:
frustración sexual. A medida que las hembras maduran, se preparan para
ser fertilizadas atrapando el polen. Una vez fertilizadas, fabrican
las semillas y empiezan a morir (preparándose para el invierno). Pero
si no hay fertilización porque hemos separado todos los machos, las
hembras producen más resina y más flores. A medida que pasa el tiempo
sin ser fertilizadas, las flores se acumulan (formando cogollos), y la
resina continúa fluyendo hacia estas flores.
Aparte de esta frustración sexual, algunos cultivadores añaden que sus
plantas son en cierto modo masoquistas. Cuando las flores se están
formando, doblan las ramas casi hasta el punto de romperlas –pero sin
llegar a este extremo. Estos cultivadores afirman que la tortura
aumenta el flujo de resina hacia las flores. No puedo decir si es
cierto, porque ya me siento demasiado culpable impidiendo a mis niñas
que jueguen con los chicos como para añadir más sufrimiento.
Así que, la próxima vez que estés en una plantación de marihuana,
recuerda que, en algunos aspectos, ¡también estás en una cárcel de
mujeres! ¡Estas plantas tan aromáticas buscan amor desesperadamente, y
se preguntan por dónde andan los chicos! Y la próxima vez que
enciendas un canuto, no estaría mal que te dirigieras a ellas en
silencio, dando las gracias a estas hembras enamoradas cuya
insatisfacción sexual es la causa inmediata de tu placer.